Francia dominó las clasificaciones por equipos y España cerró el campeonato con seis medallas
El Campeonato del Mundo de TREC 2026 terminó en el Club Hípic Les Tanques de Viladecans con Francia al frente de las principales clasificaciones colectivas y una actuación española especialmente sólida: seis medallas, presencia en el podio en todas las categorías con clasificación por equipos o parejas y un título mundial junior.
El TREC no suele producir campeonatos fáciles de resumir. No hay una única pista ni una sola cualidad capaz de explicar el resultado. La prueba de Orientación y Regularidad obliga a administrar recorrido, navegación y velocidades; el Control de Aires exige precisión; el PTV vuelve a medir al binomio frente a dificultades de terreno y maniobras que remiten directamente a la equitación de exterior.
Barcelona 2026 volvió a mostrar esa diversidad.
Cerca de cien binomios y tres días muy distintos
El Mundial reunió cerca de un centenar de binomios de 12 países. Tras la recepción de participantes y la inspección veterinaria, la competencia efectiva comenzó con el POR por las montañas del Baix Llobregat y terminó en Les Tanques con el Control de Aires y la Prueba de Terreno Variado.
El formato permite comprender por qué el TREC ocupa un lugar particular entre las disciplinas internacionales. La competición no intenta aislar una capacidad del caballo. Busca, en cambio, una combinación de autonomía, preparación, regularidad, franqueza y conocimiento mutuo.
En ese contexto, Francia volvió a demostrar la profundidad de su programa.
Francia, campeona sénior
La clasificación Sénior por equipos terminó con Francia campeona del mundo con 1.086 puntos. España fue segunda con 867 y Suiza consiguió el bronce.
El equipo español estuvo integrado por Agustín Fernández Hidalgo de Morillo con Top’Az des Jordils, Francesc Rabat Bedós con Mylord, Anastasia Lugan Sánchez con Gipsy de Behel y José Luis Blanco Reyes con Tontorrón.
En individual, Agustín Fernández Hidalgo y Top’Az des Jordils quedaron a apenas un punto del podio y terminaron cuartos con 338. Francesc Rabat y Mylord fueron sextos con 316.
El resultado dejó a España muy cerca de una medalla individual sénior, pero confirmó además algo más relevante para el balance general: la delegación mantuvo presencia competitiva en todas las edades.
Un oro junior para España
La mayor alegría española llegó en la clasificación junior por parejas. Nuria Cagigas García con Zalaka y Celia Outeda Torre con Lisi sumaron 536 puntos y se proclamaron campeonas del mundo.
Las francesas Coline Bonnard y Romane Bonnard fueron segundas con 526. Otro dúo español, Hernán Miguel González con Espinete y Ahinara Ortiz García con Duende, terminó tercero con 509.
Oro y bronce en una misma categoría constituyen una señal importante en cualquier disciplina; en una especialidad donde la experiencia de campo suele tener tanto peso, el resultado adquiere además valor de continuidad.
Jóvenes jinetes y veteranos
En Jóvenes Jinetes, Francia ganó el título por equipos con 1.010 puntos. España fue plata con 821 e Italia bronce con 685.
Darío Pila Vaquero y Denis sumaron además una medalla individual de bronce con 314 puntos. El título fue para el francés Merlin Charrier con 384, por delante de Lisa Pradaud Lenoble, también francesa, con 331.
La categoría de Veteranos tuvo una particularidad: fue incorporada por primera vez al programa del Campeonato del Mundo. El francés Eric Soeuvre ganó el oro con 375 puntos; Francisco Javier Muelas Rodríguez y Brigar A’Zaine fueron subcampeones con 321 y Lionel Voltzenlogel completó un podio con fuerte presencia francesa.
Seis medallas y una lectura más amplia
España terminó el Mundial con un oro, tres platas y dos bronces.
La cifra es importante, pero el campeonato dejó algo que conviene mirar más allá del medallero. En una disciplina minoritaria frente a los grandes circuitos FEI, reunir cerca de cien binomios y sostener categorías Junior, Young Riders, Veteranos y Sénior muestra una estructura internacional más amplia de lo que muchas veces percibe el público general.
El TREC mantiene además una característica valiosa: incluso cuando se convierte en campeonato mundial, sigue conservando una relación muy visible con la equitación fuera del recinto. La orientación, las velocidades de marcha, la capacidad de afrontar desniveles o dificultades de terreno no son decorados deportivos. Son una traducción reglamentada de habilidades nacidas en las rutas a caballo.
Barcelona no cambió esa identidad. La llevó a un Mundial.